Elegir hosting también es decidir quién asume responsabilidades. Un sitio puede estar publicado y funcionar bien mientras nadie sabe quién puede restaurarlo, renovar el dominio o reaccionar cuando un formulario deja de enviar.
Para la agencia, esas lagunas suelen aparecer meses después de terminar el proyecto. El cliente llama a la persona que conoce: tú. Conviene acordar el mantenimiento al presupuestar el sitio, incluso si otra persona administra la infraestructura.
Dibuja un mapa de propiedad
Identifica titular y contacto operativo del dominio, DNS, hosting, CMS, correo transaccional, analítica, licencias y copias. Señala qué cuentas pertenecen al cliente y cuáles administra la agencia o el socio. Una contraseña compartida en un chat no equivale a un plan de continuidad.
Pregunta: si el proveedor actual desapareciera mañana, ¿podrían la agencia y el cliente recuperar el acceso y mantener el sitio? Si no hay respuesta clara, la entrega está incompleta.
Define qué significa “gestionado”
Detalla monitoreo, frecuencia y retención de copias, pruebas de restauración, actualizaciones, respuesta a incidentes, cambios de contenido y horarios de atención. Enumera también exclusiones. Una copia sólo ayuda si alguien sabe dónde está y cómo recuperarla.
Define cómo se comunica una incidencia y quién autoriza cambios. Un acuerdo de hosting para agencias debe convertir esas preguntas en responsabilidades concretas, no esconderlas en una lista de beneficios.
