La plataforma se decide durante el descubrimiento, antes de comprometer al equipo con una maqueta detallada. Un diseño muestra una dirección visual. No resuelve cómo publicará el cliente, cómo se conectan las reservas ni quién mantendrá la web seis meses después.
No se trata de declarar una plataforma ganadora. Se trata de impedir que un cliente compre una propuesta visual difícil de sostener en el sistema elegido.
Empieza por el trabajo de edición
Pregunta a quienes administrarán el sitio cómo se ve un mes normal: ¿publicarán artículos, agregarán propiedades, actualizarán productos o apenas cambiarán unas páginas de servicios? ¿Quién aprueba las modificaciones? ¿Qué podrá hacer el editor sin romper el diseño?
Un catálogo activo necesita una estructura de contenido distinta de una campaña de cinco páginas. Treinta composiciones únicas pueden lucir excelentes en una presentación y complicar el mantenimiento cotidiano.
Mapea las dependencias
Lista formularios, pagos, reservas, CRM, idiomas, filtros, analítica, permisos y fuentes de datos. Distingue lo imprescindible para publicar de lo probable a futuro. Averigua quién posee cada cuenta y cómo se detectará una falla.
Compara las opciones reales según necesidades editoriales, integraciones, costos y propiedad. A veces WordPress encaja; otras, un sitio estático o una herramienta visual. La decisión debe poder explicarse al cliente en términos de trabajo, no de preferencias personales.
Involucra al socio técnico antes de aprobar el diseño y construir el sitio.
